• riveravaldez
    riveravaldez
    2018-03-04

    «El derecho a elegir se contrapone al derecho a la vida», nos predica el pastor.

    Es decir: La mujer puede tener (según el caso) el derecho a vivir. Ahora, lo que no tiene, definitivamente, es derecho a elegir.

    O sea: Es una incubadora.

    Entre la libertad de la mujer a decidir sobre su propia vida, y su "función" como "medio reproductivo", el pastor y los "pro-vida" tienen claro qué orientación toman: La de la opresión de la mujer trabajadora.

    Por eso antes habló de las mujeres "que se arrogan el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos", palabra que típicamente se usa para aludir (según una de sus acepciones) a una apropiación indebida o exagerada de algo inmaterial (en este caso, un derecho).

    En definitiva subyace una concepción claramente opresora: Se garantiza el derecho a vivir (y ser explotado), pero jamás el derecho a elegir (o ser libre).

    ¿Tiene algo de extraño que las mafias oscurantistas tengan estas motivaciones de fondo?

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